Una Historia en Español III

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Hola!

cassette-tape-art-erika-iris-simmonsHoy es el primer día que entro a mi Blog desde el inicio de mis Historias en Español que hubo un like en mis notificaciones y aunque no estoy aquí por los likes mentiría si no digo que ME GUSTO.

 

¿Quieren escuchar algo extraño que me paso el día de ayer? Y aunque no, de igual forma se los contaré. Ayer fue mi último día en la linda Ciudad de Guanajuato, el grupo de amigos con los que fui en este viaje decidieron que ese día fuéramos a visitar el callejón del beso. Anteriormente había escuchado una historia acerca de este callejón que era que si tenías pareja, era muy importante y crucial ir a posarte debajo de los dos balcones que se encuentran en el callejón del beso puesto que de no hacerlo sería casi como un pecado. Sin embargo, en esta ocasión yo no tenía pareja; aún así no me negué a ir. Estando ahí mi mirada se fue directamente hacia los balcones y en eso vi dos siluetas, una de ellas parecía la de un hombre y la otra la de una mujer, cada una en un balcón distinto. Concentré entonces más mi atención y de repente algo sumamente extraño paso. Me encontraba yo en uno de los balcones y mi ropa había cambiado, de repente oí una voz que decía, “mi niña, baja ya, el desayuno esta listo”, baje entonces las escaleras y me dirigí hacia donde se escuchaba la voz, cuando noté que todo lo que me rodeaba me era extraño no hice mas que preguntar a esta persona que se encontraba en frente de mí, qué año era esté. A lo cual ella contestó: “mi niña, qué es lo que te ocurre el día de hoy, bien sabes que estamos en el año de 1892.” Realmente no lo podía creer, pero todo lo que me rodeaba parecía confirmarlo. En ese momento sentí un escalofrío y al sentirlo, de nueva cuenta estaba en el presente actual del verano del 2004. Parecía como si esos instantes en los que estuve en el pasado nunca hubieran existido; nos dirigimos entonces a subir las escaleras del callejón y al instante de estar justamente debajo de los balcones de nueva cuenta estaba en el año de 1892, me encontraba ahora en mi cuarto, era de noche y me hallaba en mi cama, de repente un sonido que noqueaba mi ventana me despertó, era él Ignacio, el mismo que se había mudado a mi edificio hace algunos días, estaba aquí también, pero a la misma vez algo me decía que no era el mismo. En eso, él pronuncia: “niña mía, no podía irme a dormir sin verte antes de cerrar mis ojos, perdona que te haya despertado. No podía esperar un segundo más, esta riña entre nuestras familias me abruma, pero sabes llegará el día en que estemos juntos, ¿me permites ahora darte un beso?” pero antes de llegar a sentir sus labios sobre míos, de nueva cuenta estaba en el 2004. En esta ocasión el tiempo si había pasado y ahora mi grupo y yo nos encontrábamos en la plaza principal de la Ciudad, había ahí una estudiantina y al oírles volví al 1892, en esta ocasión me encontraba frente al altar, mi vestido de novia lucía muy bonito, en ese instante él se encontraba diciendo “acepto”, de repente sin saber cómo, en qué forma sentí un fuego inmenso sobre mi pecho, después descubrí al instante que ese mismo fuego era la sangre de Ignacio, no pude saber quién le había matado porque en ese mismo momento me desperté en mi cama de mi departamento del 2004. Me desperté sudando y desde ese instante le seguí todos sus pasos a Ignacio, me hice su sombra, no sé por cuál razón o por qué motivo sentía que algo malo le podía suceder. Así se llego el 30 de junio del 2005, él se encontraba en un café leyendo un libro muy tranquilamente sin saber lo que podía pasar en unos cuantos segundos. Le observé al detalle como muchas otras veces, con la práctica había agudizado cada uno de mis sentidos y fue así que escuché lo que estaba sucediendo en la tienda que se hallaba justo en frente del café, la estaban robando. Uno de los maleantes llevaba un arma, la cual disparó y no sé cómo pero vi la bala a un ritmo lento, tan lento que pude inmediatamente averiguar su destino y éste era el corazón de Ignacio, fue así que corrí hacia él y le cubrí con mi cuerpo y en ese instante de la nada fui a dar otra vez al año de 1892, frente al altar y lo que en un momento fue sangre se convirtió en un ramo de ardientes rosas rojas y me encontré a mi misma diciendo: “acepto.”

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